El virus

Tal vez ya era demasiado tarde para arrepentirse. Demasiado tarde para culpar a nadie por ese error, pero lo estaba haciendo. Se arrepentía sobremanera de aceptar aquel trato. Lo habían cogido con la defensa baja. Por aquel entonces se trataba de una enfermedad terminal que acababa con la dignidad antes de arrebatarte la vida y aquella propuesta sonaba bien, “Es experimental, no podremos asegurarle nada al cien por cien” “yo sólo quiero volver a jugar con mis hijos, poder abrazar a mi mujer”. El tratamiento usaría los últimos avances en nanorrobótica y una suerte de tejido biotecnológico. Fue todo un éxito. No solamente se curó de la enfermedad, si no que, su salud se recompuso totalmente. Incluso la vieja lesión en el hombro desapareció. Los médicos no salían de su asombro.
Los nanorrobots tuvieron mucho trabajo al principio, pero en cuanto hubieron restaurado el hígado y los riñones se pusieron a corregir pequeños daños, incluso los lunares. Los médicos y demás científicos habían previsto una vida útil de los nanos de dos años y medio, pero esta se extendió más allá, mucho más allá…

Ahora observa el mundo desde un palacio en donde antes estuvo la Casa Blanca. Afuera miles de personas esperan con esperanza su discurso. El virus pronto los matará a todos. A todos menos a él.

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