El amor


El amor aparece cuando menos lo buscas, son azarosos sus modos e imprevisibles sus finales. A veces fugaz, a veces para siempre, unos se superan y otros… otros nos cambian para siempre.
Yo no soy de enamorarme. Intento evitar todas esas hormonas recorriendo el cuerpo, esas reacciones químicas explosivas en el cerebro, pero que se sienten en la barriga y el no comer y el no dormir, eso es lo que peor llevo. Pero a veces no logro evitarlo. Él era un hombre simpático, el tipo de persona cargada de datos, la mayoría inservibles, pero que podían desatar una buena conversación y también tenía unos ojos bonitos, de grandes pestañas y unas manos grandes y fuertes también tenía un culo…Me enamoré como una loca y cuando me dijo si quería subir a su casa para enseñarme su colección de comics no dudé en decirle que sí, tal vez con demasiado entusiasmo. Él pareció asustarse, en un primer momento, de mi ímpetu, pero después me mostró esa sonrisa de cine ¿Qué el chaval era un friki de comics? pues yo me volvería una entusiasta del género.

Allí estábamos. Las once de la noche y si la cosa iba bien, todo un fin de semana por delante, un vestidito fácil de quitar y vino. Nada podía fallar. Después de cenar nos fuimos al sofá. Encima de la mesa esperaban cinco cajas de plástico. No tardó en abrirlas y rebuscar entre cientos de comics. Me dijo que allí tenía sus favoritos y que, si me fijaba en la estantería del salón, prácticamente toda estaba llena de comics de tapa dura y gordotes. Dispuso sus diez mejores en orden de importancia. Quise mostrar interés y le pregunté por el valor de esos y al parecer valían mucha pasta, entonces decidí empezar a insinuarme un poco y me dispuse a coger el comic que más lejos me quedaba y que por fuerza necesitaría apoyarme en su pierna para no caerme. Yo no me caí, lo que sí que se cayó fue mi copazo de vino. El mundo se movía a cámara lenta mientras el líquido cubría las portadas. A mí se me heló la sangre y no reaccioné, solamente fui capaz de levantar la mirada hacia él mientras mi mano ejercía quizás más presión de la que quería. Entonces comprobé un rostro estupefacto. Yo estaba a punto de llorar

-Lo siento muchísimo, te lo pago.

Él siguió mirando su colección cuando me respondió

-¿Y cómo me lo vas a pagar?

Creí que había entendido su pregunta y me sentí fatal por el tipo de persona del que me había colado. No lo aceptaría, pero ahora tenía mucha inquietud por lo que iba a pasar a continuación

-Pues no sé

Eso es lo que me atreví a decir. Él se levantó y fue hasta la cocina. Yo pensé por un momento que iba a por un cuchillo, entonces el volvió con un trapo en la mano.

-Quiero que me prometas que, pase lo que pase, el sábado nos volveremos a ver

Me quedé desconcertada no, lo siguiente y le respondí que sí. Quería salir corriendo. Fue cuando sonrió y se puso a secar los comics por encima y poco a poco una risa que al principio era suave como una brisilla se convirtió en un vendaval. ¡Hasta lloraba el tío!

-¡Están metidos en plástico!


-El sábado a las diez en tu casa ¿ok?

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