Cambio vital

Estaba caminando por la oficina mientras apretaba la nariz de payaso como método para aliviar la tensión. Había escogido un disfraz clásico, la cara se la había pintado siguiendo un tutorial en YouTube y no le había quedado del todo mal. Al principio dudó sobre llevar los zapatones, pero era evidente que se trataba de que aquello saliese bien, aunque perdiese dramatismo. No, no era muy listo, pero tenía determinación. Cuando lo echaron del trabajo decidió cambiar su vida. Quiso dinero para volver a empezar y pensó en algo muy lucrativo y que fuese rápido; dinero fácil. Entonces se compró el disfraz y una pistola que tenía un realismo asombroso, si no la mirabas de cerca.

Entró por la puerta de la sucursal con la cartilla en la mano para no levantar sospechas y tuvo suerte porque, en ese momento, el de seguridad había ido al baño de urgencia gracias al café de máquina. No lo dudó. A zancadas llegó a la oficina del director y le propinó una patada muy decidida a la puerta, la cual se abría para fuera, pero ¿quién podía saberlo? Consiguió entrar y para entonces la policía ya estaba avisada y el de seguridad estaba subiéndose los pantalones a toda prisa. Llevó la furia a sus ojos, su mano se alzó sujetando el arma de juguete y apuntó a un hombre que se jubilaba en ese mismo día. Lo tenía muy ensayado lo siguiente era:

- ¡Ponme toda la pasta en esta bolsa!

El hombre que tenía ante sí se mostró muy desconcertado, ya que allí no había rastro de bolsa. Enseguida se dio cuenta de su despiste. Un recuerdo se volvió muy claro en su cabeza, la bolsa se había quedado sobre la mesa de la entrada de su casa.

- ¡Ponme la pasta en una bolsa que tengas por ahí, coño!

El hombre negó con la cabeza.

- No tengo ninguna bolsa y además…

- Pues un maletín o algo,¡BUSCA JODERRRR!

El hombre empezó a dar vueltas por toda la oficina buscando hacer tiempo, pero el payaso empezó a ponerse nervioso.

- ¡Siéntate idiota, ya busco yo!

Y se sentó por última vez en su vida. Aquel pobre hombre ya estaba nervioso por la situación y a ello se le sumó un tremendo ruido como de ventosidades exageradas de un elefante. Se le paró el corazón.

El payaso observó como aquel tipo se agarraba del pecho y moría.

La policía vio a un payaso sin nariz dando vueltas por la oficina tocándose la calva y negando con la cabeza. Luego vieron la pistola y después a un hombre espatarrado en una silla.

Al día siguiente un periódico contaba que:

“La Policía abate a un payaso que intentaba atracar un banco, creyendo que había disparado a un hombre que resultó ser el jefe de mantenimiento.  José Pérez, que así se llamaba el fallecido, de sesenta y cinco años se jubilaba el día de ayer.  En esos momentos había entrado en aquella oficina preparando una broma al director porque, al parecer, existía esa costumbre cuando se llegaba a la jubilación. En este caso se trataba de la colocación de una bolsa de pedorretas en la silla del director en la que el fallecido dio su último suspiro”

Podríamos asegurar que el payaso logró su objetivo de cambiar de vida, desde el punto de vista de la reencarnación,claro.



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