Aeropuerto (Relato relacionado con Viejos conocidos y El fanfarrón)

Los perros estaban olisqueando todas las bolsas y maletas de la fila. Miró hacia todas partes en busca de un salvoconducto, una escapatoria. Una abuela con su nieta justo detrás de ella y delante un cincuentón gordo con pinta de pervertido. Se fijó en su ropa, tenía pasta. Se lo confirmó el reloj cuando le pidió la hora. Ya había decidido quien iba a pringar. Aprovechó para colarle la bolsa de coca en el equipaje de mano y mantuvo una pequeña conversación con él. Lo que pasó a continuación resultó salir como ella esperaba. El perro la olió primero pero enseguida se volvió al tipo. Lo apartaron de la fila y le invitaron a seguirlos. Los polis, los perros y los pringados salían de escena y ella tenía el camino despejado, era una pena lo de la coca, pero la verdad es que pretendía cambiar de vida y las drogas no deberían acompañarle más. Su nuevo oficio era suficiente para vivir sin restricciones.

Ya estaba a punto de subirse al avión, cuando apareció un agente acompañado del señor gordo. Se dirigían hacia ella que no entendía por qué estaban tan sonrientes. Se puso tensa, sus músculos se preparaban para correr…

-Hola guapa, ¿no me recuerdas?

El que hablaba era el pringado y no el poli. Eso la desconcertó mucho.

-No, no sé quién eres

-Claro porque normalmente me sueles ver enmascarado y quizá en la fila te parecí un estúpido fácil de olvidar, pero seguro que te acuerdas de Peter, mi abogado

La imagen de un hombre muy delgado chupando sus tacones rojos preferidos le dio todas las referencias. Fingió no acordarse y negó con la cabeza

-No te preocupes, es tu día de suerte. Yo soy un admirador tuyo y este es mi amigo. No vas a salir de este país si te devuelvo la bolsita, pero tienes una posibilidad.

-¿Cúal?

-Trabajar para mí.

-¿Como Dominatrix?

- Algo así, ¿conoces la embajada francesa?

-No tengo la suerte.


-Pues la tendrás Aileen. Dime, ¿alguna vez has matado a un hombre además de torturarlos?

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